No al TTIP

Cita del Día

No sé por qué Estados Unidos piensa que tiene que recorrer el mundo 
obligando a la gente a tomar nuestra forma de gobierno a punta de pistola. 
Cuando se tiene algo realmente bueno, 
no necesitas imponerlo a la gente porque ¡ Te lo roban!
- Dick Gregory

El empeño de EEUU por demonizar cualquier forma de socialismo es porque sería inmediatamente imitado por el resto de naciones. 

Por ello si no puede derrocarlo, emplea todas las formas de guerra económica como sanciones, bloqueo o  ausencia de inversiones para frenar su progreso y así hacer que parezca que este tipo de políticas es un fracaso.

Al primer y único país comunista al que se le levantó el bloqueo y todo tipo de restricciones con el sucio fin de tener mano de obra barata para sus corporaciones, fué a China y en tres décadas se ha convertido en la 1ª potencia económica del mundo.


Armak de Odelot

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La MISIÓN de los MEDIOS 

no es la de ser PALMEROS ni PREGONEROS de los GOBIERNOS 

sino la de ser CRÍTICOS con lo que hagan los MISMOS 

así como OFRECER una VERSIÓN ALTERNATIVA y VERAZ 

cuando la REALIDAD sea DIFERENTE 

a la VERSIÓN OFICIAL con la que nos quieren hacer COMULGAR








martes, 29 de diciembre de 2015

La larga historia estadounidense de tolerancia con organizaciones terroristas blancas




La larga historia estadounidense de tolerancia de organizaciones terroristas blancas

Esta semana se conmemora el 150 aniversario de la fundación de la organización terrorista que más muertes ha causado en Estados Unidos, el Klu Klux Klan (KKK).

Desde el 11 de septiembre extremistas vinculados a diferentes ideologías de extrema derecha, incluidos el KKK y extremistas judíos, han asesinado a muchas más personas en Estados Unidos que los extremistas motivados por el Islam radical.

El tristemente célebre KKK es un ejemplo con siglos de antigüedad del doble rasero del gobierno estadounidense cuando se trata de terrorismo. El KKK ha aterrorizado y asesinado a muchas más personas estadounidenses que los terroristas islámicos y a pesar de ser la organización terrorista más antigua de Estados Unidos, el gobierno estadounidense nunca ha considerado oficialmente al KKK organización terrorista y se ha limitado a clasificarla como “grupo de odio”*.

Al clasificar las acciones del KKK como de odio en vez de terroristas, el gobierno permite a esta organización (a diferencia del ISIS) celebrar manifestaciones libremente, recaudar fondos e incluso aparecer en la televisión para promover su ideología. Recientemente Franc Ancona, un líder del KKK, apareció en la televisión nacional y amenazó que usaría “fuerza letal” contra los manifestantes negros.

El KKK se fundó unos pocos días después de que se aboliera la esclavitud en Estados Unidos y desde entonces el distintivo del KKK siempre ha sido los ataques con bomba, los linchamientos, el emplumar con alquitrán y otras formas violentas de terrorismo contra quienes desafíen la supremacía blanca. 

En su momento de apogeo durante la década de 1920 los miembros del KKK eran más de 8 millones de estadounidenses repartidos por todo el país.

El simple hecho de que hasta el momento el gobierno estadounidense se haya negado a calificar al KKK de organización terrorista nacional dice mucho acerca de la implicación de la nación en la lucha contra el terrorismo y la promoción de la igualdad racial.

El atentado terrorista más mortífero en suelo estadounidense antes del 11 de septiembre fue el atentado de Oklahoma, cuyo cerebro fue Timothy McVeigh, un hombre estrechamente vinculado con círculos militares nazis de extrema derecha. 

En 2011 Kevin Harpham, un veterano de guerra, puso una bomba en el recorrido del desfile del Día de Martin Luther King Jr. 

En 2012 Wade Michael Page asesinó a seis personas inocentes en un tiroteo en un templo Sijh en Wisconsin. 

Page era miembro de una banda de supremacistas blancos y estaba asociado al violento grupo neonazi los Hammerskins. 

Hace unos meses un Gran Mago Imperial del KKK de Kansas empezó a matar a cualquiera que se le puso por delante mientras gritaba “Heil Hitler”. Una de las víctimas fue un chico de catorce años.

A pesar de la cantidad cada vez mayor de tiroteos contra masas y de ataques terroristas por parte de la extrema derecha los medios de comunicación eligen poner el foco de atención casi exclusivamente en una amenaza menor del Islam radical. De forma rutinaria los expertos de los medios exigen a musulmanes moderados que condenen los actos de violencia perpetrados por musulmanes.

 ¿Cuándo fue la última vez que ha visto usted presionar a sacerdotes blancos para que acudan a la televisión a denunciar la violencia de supremacistas blancos con el fin de demostrar que “no todos los cristianos” son así? 

¿Cuánto tiempo se permitiría a un grupo musulmán que tuviera un historial violento como el KKK actuar libremente antes de ser cerrado por el Departamento de Seguridad Nacional? Está claro que el racismo exacerba la guerra contra el terrorismo tanto como el petróleo.

En gran medida la amenaza del terrorismo islámico nacional se ha elaborado de manera que la llamada guerra contra el terrorismo puede promover un militarismo lucrativo en el extranjero y erosionar las libertades civiles dentro del país.

Catorce años después del 11 de septiembre al Qaeda no ha cometido otro atentado dentro de Estados Unidos. 

Según un reciente informe de la Universidad de Harvard llamado The Exaggerated Threat of Home Grown Terror [La exagerada amenaza de un terrorismo nacional], “[…] desde 2001, a pesar de las advertencias de los funcionarios públicos y de analistas del terrorismo, sigue habiendo pocas pruebas de que el peligro de ataques terroristas en Estados Unidos por parte de musulmanes estadounidenses sea especialmente grave o creciente”.

Entonces, ¿por qué Estados Unidos ha gastado más de 6 billones de dólares en la guerra contra el terrorismo?

Datos del FBI desde 1980 hasta 2005 demuestran que los terroristas judíos cometieron el 7% de los actos terroristas dentro de Estados Unidos, lo que es más que el 6% cometido por extremistas islamistas. 

El hecho de que el FBI reduzca drásticamente los casos de terrorismo perpetrados por extremistas judíos debido al doble rasero racial institucional da más notoriedad a los datos estadísticos. 

¿Cuántos estadounidenses conocen el nombre de Jewish Defense League [Liga de Defensa Judía] o Jewish Armed Resistance [Resistencia Armada Judía], dos grupos terroristas que han cometido más actos terroristas que sus homólogos musulmanes?

La tristemente célebre Jewish Defense League lleva actuando en Estados Unidos más de medio siglo. Un informe del Departamento de Energía sobre amenazas a instalaciones nucleares señala que “[…] durante más de una década la Jewish Defense League ha sido uno de los grupos terroristas más activos en Estados Unidos”. 

Sin que muchos estadounidenses lo sepan, estos extremistas judíos han enviado cartas bomba a la policía, atacado embajadas estadounidenses y lanzado bombas incendiarias a civiles que asistían a un concierto de la Orquesta Sinfónica.

Si el gobierno estadounidense se toma en serio la lucha contra el terrorismo nacional y los tiroteos contra masas, las estadísticas del FBI sugieren que debería vigilar agresivamente a varones blancos. 

El simple hecho de que las fuerzas de seguridad estadounidenses no se haya infiltrado en comunidades cristianas o judías conservadoras ni las haya espiado para impedir el extremismo violento de extrema derecha confirma que los musulmanes en Estados Unidos saben por experiencia que rezar a Ala hace que una persona sea sospechosa.

Los musulmanes estadounidenses tiene cada vez más la sensación de vivir en un Estado policial totalitario en el que el acoso, la creación de perfiles [de delincuencia] y la vigilancia son cada vez peores. 

El investigador Arun Kundnani ha demostrado que el FBI tiene un espía antiterrorista por cada 94 musulmanes en Estados Unidos, lo cual se aproxima a la ratio de la tristemente célebre agencia de espionaje de Alemania Oriental Stasi de un espía por cada 66 ciudadanos.

Los cristianos y judíos blancos no tienen que preocuparse de que un agente o informante secreto se haya infiltrado en sus iglesias, grupos de estudiantes o clubes sociales.

Durante siglos se ha permitido a los terroristas blancos en Estados Unidos un amplio espacio para difundir su ideología y para planificar y organizar sus atentados, lo que explica tanto la mayor letalidad relativa del terrorismo supremacista blanco como la mucho menor tasa de personas blancas condenadas por atentados.

En Estados Unidos se considera por acto reflejo que las personas de piel oscura y negra son terroristas, matones y pandilleros que merecen el desdén de la sociedad, mientras que las personas blancas que cometen atentados terroristas son simplemente “perturbados mentales” solitarios que necesitaban de la ayuda de la sociedad.

La decisión de la sociedad de denominar “terrorismo” un acto de violencia particular indica que el acto pertenece a un modelo más extendido que exige una consideración que va más allá de la lucha normal contra el crimen. 

El denominar los tiroteos contra masas por parte de supremacistas blancos como meramente “odio” o asesinato en vez de terrorismo resta importancia al significativo papel de las motivaciones racistas del autor y evita preguntas difíciles acerca del predominio del racismo en la sociedad estadounidense.

Hace poco James Holmes disparó contra 80 personas en un cine pero las fuerzas de seguridad lo detuvieron con vida y los medios de comunicación no calificaron su acción de terrorismo sino que en vez de ello se centraron en retratar a Holmes como “torpe” y tierno “solitario”. 

De forma similar, el supremacista blanco Dylan Roof asesinó a nueve feligreses en Charlestown y no solo fue detenido con vida, sino que además en el momento de la detención la policía describió a Roof como “muy tranquilo, muy calmado … no problemático”. 

La policía llegó incluso a comprarle un almuerzo en Burger King momentos después de que hubiera desatado el terror entre los feligreses. 

Comparado con los innumerables linchamientos actuales cometidos por la policía de chicos y hombres negros inocentes y a menudo desarmados, es evidente que las fuerzas de seguridad estadounidenses son tan tolerantes con el terrorismo blanco como son institucionalmente racistas hasta la médula.

A todas luces existe una costosa e insana obsesión entre la sociedad y las fuerzas de seguridad estadounidenses con evitar la violencia perpetrada por musulmanes estadounidenses, una obsesión que ignora tanto la amenaza real del terrorismo blanco como el constante terrorismo de la policía respecto a los ciudadanos americanos negros.

* Según Wikipedia, un grupo de odio es “un grupo o movimiento organizado que defiende y practica el odio, la hostilidad o la violencia hacia miembros de una raza, etnia, nacionalidad, religión, sexo, identidad de género, orientación sexual o cualquier otro sector de la sociedad”. (N. de la t.)

Garikai Chengu es un investigador de la Universidad de Harvard. Su correo es garikai.chengu@gmail.com.

Above is the content the blog provided. If incomplete, read the original here.


El lado oscuro del odio: 

Cómo se hizo millonario el Ku Klux Klan

Publicado: 26 dic 2015 
Una investigación demuestra cómo este grupo de extrema derecha atesoró millónes de dólares de sus seguidores gracias a su prolífica estructura de 'marketing'.
Bajo su exaltación del odio y el racismo, el grupo extremista estadounidense Ku Klux Klan (KKK) oculta una prolífica organización mercantil, según informa el portal web Priceonomics.
Esta conclusión se basa en una investigación publicada en 2011 por los economistas estadounidenses Roland G. Fryer y Steven D. Levitt sobre las gestiones financieras del 'Klan', quienes dedujeron que, en los años 20, esta organización se convirtió en una gigantesca estructura de 'marketing' con un sistema piramidal de varios niveles.
De este modo, el aparato burocrático del grupo segregacionista aprovechó el racismo popular latente y se enriqueció gracias al dinero de sus afiliados, cada uno de los cuales abonaba una cuota de ingreso de 10 dólares y una suscripción anual de 5 dólares.
Además, el 'Klan' obligaba a sus miembros adquirir túnicas oficiales por dos dólares y vendía diferentes artículos con la simbología del grupo, desde pólizas de seguros hasta espadas, cascos, chapas e, incluso, caramelos.
Diversas estimaciones indican que en 1924 el KKK pasó de tener 1,5 millones de afiliados —un 4 % de la población estadounidense de entonces— a superar los cuatro millones (un 15 %) y dedicaba todos sus ingresos a reclutar nuevos adeptos.
Como ejemplo de su poder económico, cuando la renta per cápita del país era inferior a 700 dólares, el líder de este grupo en Indiana, David Stephenson, llegó a obtener unos beneficios anuales que rondaron los 200.000 dólares, alrededor de 2,8 millones de dólares de hoy en día.
A pesar de posicionarse como una organización sin ánimo de lucro dedicada a una "causa" política y social —el racismo y la xenofobia—, en realidad "la verdadera genialidad del clan se basaba en su asombrosa habilidad para generar beneficios a costa de sus afiliados", concluyen Roland G. Fryer y Steven D. Levitt.
RT

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