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domingo, 20 de agosto de 2017

Reflexiones Urgentes sobre los Atentados de Barcelona

Reflexiones urgentes sobre los atentados de Barcelona

Por Juanlu González



1. EEUU, la OTAN y varios países europeos llevan muchos años alimentando el terrorismo para desestabilizar gobiernos en Asia y Oriente Medio, como así lo han reconocido en declaraciones sus principales actores y documentos oficiales filtrados por Wikileaks. España no ha sido ajeno a estas políticas.

2. La visión retrógrada y más integrista del Islam, que da soporte al yihadismo, proviene de Arabia Saudí, es el wahabismo suní o salafismo. Su gobierno es plenamente partícipetícipe de ello y, de hecho, a Riad se le considera cómplice del terrorismo, tanto de al Qaeda, como del Daesh (Estado Islámico o ISIS). Sin embargo, países como Estados Unidos y España, no tienen ningún inconveniente en venderle armas y mantener relaciones diplomáticas con Arabia Saudí y otros estados terroristas del Golfo que están detrás de todas las guerras de la región y con la creación y el mantenimiento de grupos terroristas.

3. Nuestra política exterior, no sólo es incoherente con la lucha contra el terrorismo yihadista, sino que lo fomenta claramente. Es necesario proceder una revisión urgente de nuestras alianzas en la región o el dolor y las lamentaciones de estos días no servirán de nada. El apoyo otorgado por el gobierno del PP a los “rebeldes moderados” es intolerable. No puedes considerar que el terrorista en Europa es un rebelde moderado en Siria, eso solo va a traer más y más inseguridad, como ha quedado más que demostrado.

4. Daesh, el grupo que ha reivindicado los atentados, está absolutamente debilitado en estos momentos, pero no gracias a Occidente. El ejército sirio, principalmente, apoyado por Rusia, Irán y Hezbollah (el conocido como “eje de la resistencia”) en Siria y el ejército iraquí y las milicias shiíes en Iraq, son las que se están jugando el tipo cada día y consiguiendo arrebatarles la mayoría de las tierras que habían logrado conquistar ante la inacción norteamericana. Hay que recordar que la OTAN y sus aliados, incluida España, son los mayores enemigos políticos y militares del eje de la resistencia y, por tanto, han facilitado el ascenso del terrorismo en la región y en todo el mundo.

5. La visión de Marruecos como tapón del yihadismo en España y en Europa es absolutamente falsa, todo lo contrario, es una olla a presión que nos va estallar bajo nuestros pies, si no lo ha hecho ya. La mayoría de los terroristas que han actuado durante los últimos años en el Viejo Continente provienen de Marruecos. El país vecino se está llenando de mezquitas wahabitas y esta corriente intolerante del Islam se está fomentando desde el gobierno por sus relaciones con los países del Golfo, cuyas inversiones en el reino alauita no salen nada baratas y tiene un precio religioso inasumible.

6. Hay al menos 5.000 terroristas europeos en la guerra de Siria, muchos de ellos están volviendo ya a sus tierras de origen ante el imparable empuje del Ejército Árabe Sirio. ¿Qué puede ocurrir en el futuro? Lo más normal es que se produzca un repunte de la actividad terrorista en toda Europa con los retornados ridiculizados y entrenados, por eso es absolutamente urgente que todo el mundo se una a los esfuerzos de Siria e Irak, en el seno de la legalidad internacional, para acabar con en Daesh y al Qaeda. Cualquier día que pase sin que se tomen decisiones firmes en tal sentido nos convierte en cómplices de los atentados que puedan sucederse en el futuro. 

Barcelona, el dolor del pueblo y la hipocresía de las cúpulas

Es justo lo dicho por Facundo Cabral: “Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruya hay millones de caricias que alimenta a la vida”. 
Lo recordaba el impresionante y conmovedor minuto de silencio respaldado en todas los municipios de España, así como los aplausos dolorosos que terminaron con gritos en catalán de “no tinc por” (no tengo miedo).
Ha sido el día después de los atentados que golpearon Barcelona y el municipio turístico de Cambrils, a la espera de más datos en la investigación policial y el balance de víctimas, que por el momento es de al menos 14 personas fallecidas y más de 100 heridas, después que una furgoneta accedió a la popular avenida de la Rambla, atropellando a decenas de personas.
La bondad se hizo patente también en las redes sociales, como Twitter, donde los ciudadanos fustigaban a quienes en vez de ayudar en el peor momento se dedicaban a hacer fotos y subirlas a esos medios sociales. Muchos vecinos daban abrigo a los aterrorizados por la masacre.
Las muestras de solidaridad llegan de todos los rincones del planeta, mientras se van conociendo las identidades y nacionalidades de las víctimas, varios latinoamericanos, entre ellos.
El autodenominado Estado Islámico (Daesh, en árabe) se atribuyó la responsabilidad del atropello masivo. La información fue difundida mediante un comunicado del centro de monitoreo de páginas web yihadistas, SITE, informó TeleSur.
“Los autores del ataque de Barcelona eran soldados del Estado Islámico y llevaron a cabo la operación en respuesta a los llamados para atacar a los estados de la coalición, internacional antiyihadista que opera en Siria e Irak”, indicó el comunicado.
Los Daesh Made in USA y otros, ya atentaron en Francia, Bélgica, Alemania, Inglaterra, y ahora en España.
Las cúpulas y monarquías europeas han reaccionado con más controles, más limitación a las libertades ciudadanas, más espionaje, etc.; pero no han resuelto el problema, del mismo modo que con la migración masiva, no atacan las causas, lo que los convierte en cómplices de la peor calaña.
Si al lector, en este momento de dolor compartido, le pareciera exagerado lo antedicho, lo que sigue es contundente.
Entre el año 2013 y 2014 el gobierno Español dirigido por el Partido Popular financiaba junto a sus socios europeos y el estadounidense a los grupos terroristas que operan en Siria, bajo la excusa de que son “rebeldes moderados” que combaten contra un dictador; al mismo tiempo, los terroristas amenazaban a España en varios vídeos, incluso los medios apoyaron recientemente en el año 2016 a terroristas del frente Al Nusra en Alepo haciéndolos pasar por pobres civiles.
Varias ONG han denunciado en España el aumento de la venta de armas a Arabia Saudí, a pesar de las violaciones de derechos humanos que está realizando en Yemen. 
Asimismo, Entre 2014 y 2016 España exportó cerca de 900 millones de euros en armas.
Armas cortas, fusiles, munición, misiles y hasta un avión de transporte es parte del arsenal vendido. España incumple hasta tres normativas, una nacional otra europea y otra internacional al ofrecer armamento al régimen saudí.
Mientras estas cúpulas gobernantes en España, el resto de Europa y otros sitios estén confabuladas en la absurda hipótesis de que hay un terrorismo bueno o moderado y otro malo, los muertos los seguirán poniendo civiles inocentes, y eso es terrorismo del cual no se podrán librar ni castigar a los culpables. (Cubahora.cu)


Ni todos Barcelona, ni todos España



Tras los terribles atentados vividos en Cataluña, en las redes sociales, incluso alrededor de las personas a pie de calle, se ha generado un sentimiento generalizado de unidad. 
Bajo premisas como “Todos somos Barcelona”, imitando eslóganes ya utilizados en otros atentados europeos -fuera del Viejo Continente, esa unidad se diluye-, la gente ha hecho piña, se ha manifestado, ha guardado minutos de silencio y se ha entregado al clic de ratón con más compulsión de la habitual.
Esta unidad, sin embargo, no es más que un efecto óptico. No existe tal unidad, más allá del efecto embriagador y contagioso que tienen unos asesinatos particulares
Ni siquiera entraré en la ausencia de un lenguaje inclusivo que, con ese “todos”, aparta a un lado a las mujeres, ni siquiera ahondaré en cómo Barcelona despierta esa unidad pero no sucede lo mismo con Nigeria, Somalia, Siria o Afganistán. No.
Todo es producto de una ilusión óptica, de una miopía, sino ceguera colectiva, que nos impide ver lo que realmente sucede… o, simplemente, que ni siquiera lo queremos ver. 
¿Qué sucederá mañana? Se lo diré yo: lo mismo que ayer, entendidos estos lapsos como el pasado y futuro generalizados. 
Mañana no es otro nombre de hoy, decía Galeano. Ojalá fuera así, pero dentro de unos días, quedará un recuerdo del atentado y las diferencias volverán a aparecer; incluso, es posible que el propio atentado sea utilizado para amplificar esas diferencias. La unidad no debería ser algo tan frágil, ni tan volátil… si lo es, quizás no es tal unidad.
Hoy no toca esta reflexión, pensarán muchas personas. 
¿Y por qué no? ¿Porque el sentimiento de unidad se ha forjado en la fragua de unos asesinatos en los que igual podían haber muerto polític@s, obrer@s, empresari@s, desemplead@s…? Hay muchas maneras de asesinar
La pobreza se lleva por delante en España muchas más vidas de las que se apagaron en las Ramblas de Barcelona. Muchas más.
¿Cuántas personas han visto salir a la calle protestando contra eso? 
¿Qué unidad recuerdan contra la precariedad, contra los abusos políticos y empresariales que masacran vidas humanas cada día? 
Si me apuran, si rascan bajo los asesinatos de violencia machista, ¿qué unidad se ha visto contra el machismo?
Así las cosas, lo que se vive estos días, ¿realmente es unidad o una suerte de estado narcótico bajo los efectos de la violencia brutal ante la que todavía no estamos tan inmunizados como lo estamos contra los otros tipo de violencia? No olvido los gestos de solidaridad vivimos en Barcelona, como no olvido los que viví en primera persona en los atentados del 11-M de Madrid… pero miren en qué quedó la unidad de aquellos días de marzo de 2004.
Antes de insultarme, antes de descalificarme porque este artículo pueda parecer insensible, inoportuno o vaya usted a saber qué adjetivo esgrimen contra mí, demúestrenme que me equivoco. 
Denme una bofetada de realidad y prueben que dentro de un mes seguimos unid@s, continuamos siendo solidari@s con quienes, incluso, padecen una miseria que ni siquiera nos rozará nunca, que vamos tod@s a una contra todas esas clases de violencia, de asesinatos. 
Demuéstrenme que mañana no es otro nombre de hoy.

Barcelona, culpables y responsables: más alla del terrorismo


A las 12 horas de este viernes 18 de agosto, España entró en catarsis. En todos los ayuntamientos del Estado se convocó a actos de repulsa contra los atentados terroristas que sacudieron Barcelona y Cambrils. Dos furgonetas conducidas por jóvenes, cuyas edades fluctúan entre 17 y 30 años, embestían a viandantes con un intervalo de horas. 

En Barcelona, 14 víctimas mortales y más de 100 heridos; en Cambrils, los cinco terroristas resultaron abatidos a manos de la policía autónoma. 

El modus operandi ha sido calco de los ocurridos en Londres y París. Mientras se hacía el silencio, en Barcelona, de manera espontánea, los asistentes entonaron la frase: ¡No tengo miedo! Una manera de crear confianza, de recuperar el pulso de lo rutinario, comenzar el luto y honrar a las víctimas. 

Lamentablemente nada parece indicar que el miedo ha desaparecido. Conscientes, tal vez, de la gravedad de la situación, su declamación responde a una necesidad de contrarrestar lo inevitable.

Estos atentados han venido para quedarse. Su origen espurio se encuentra en las acciones de las llamadas tropas aliadas de Occidente, encabezadas por Estados Unidos, invadiendo países como Afganistán, Irak, Libia, fomentando guerras en Siria y desestabilizando gobiernos considerados enemigos. 
¿Qué otro sentido tienen las palabras de Mariano Rajoy señalando que combatirán siempre a quienes deseen destruir nuestra forma de vida y nuestros valores? 
O mejor aún, cuando señala con rotundidad que el problema es global y que la batalla contra el terrorismo está ganada 
En otras palabras, Occidente se considera dueño del mundo y Estados Unidos se proclama defensor de los valores que, dice, les pertenecen por derecho propio. 
Hasta el mismísimo Donald Trump, quien no tiene empacho a la hora de proteger a sus amigos del KKK y, de paso, promover intervenciones militares a diestra y siniestra, muestra su pesar y condena los atentados en Barcelona.
La espiral del miedo y el terrorismo yihadista ha calado hasta los huesos. No importa que las medidas implementadas por los aparatos de seguridad y los gobiernos publiciten la normalidad. 
A pesar de los controles, la colaboración de las comunidades musulmanas, la vigilancia en los puntos calientes y el apoyo de gobiernos amigos es poco probable que estos atentados dejen de producirse. 
El origen es la causa del problema, y mientras se oculte será imposible que desaparezca en el corto y mediano plazos.
Sabemos quiénes son los culpables, aquellos que cometen el delito, pero los responsables residen en la Casa Blanca, el Pentágono, el 10 de Downing Street, el Palacio del Elíseo o la sede de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Bruselas, por citar algunas. 
No hay que extrañarse: la Unión Europea y Estados Unidos han sido los causantes del nuevo terrorismo que asola sus ciudades. El resto es tirar balones fuera.
Nada hace pensar que la realidad pueda revertirse. 
El llamado Estado Islámico (Isis) se asentó, expandió y tiene sus fundamentos en las invasiones de Irak y Libia, países destruidos y desarticulados como estados, reducidos a reinos de taifas, donde el control político por las tropas del Isis han posibilitado la toma de ciudades, proclamando el Estado Islámico. Sin olvidarnos de la guerra en Siria, recreada desde los centros de poder en Washington. 
Estas agresiones no han pasado desapercibidas a los ojos de la comunidad musulmana y los pueblos árabes. 
Los ataques a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, fueron la culminación de ese hastío y marcó un punto de inflexión. 
Bajo la declaración de guerra contra el terrorismo islámico se confundió, manipuló y presentó a una cultura milenaria y una religión, la musulmana, como la causante de todos los males en el mundo. 
La declaración de guerra contra el terrorismo islámico, por la administración de George W. Bush, fue el error que nos sitúa en Barcelona.
Para muchos jóvenes, hijos y nietos de musulmanes arraigados en Francia, Bélgica, Alemania o España, las políticas fomentadas o amparadas por los gobiernos, criminalizando el islam y sus seguidores, son la fuente del conflicto. 
La falta de oportunidades, el desempleo, la marginalidad y la sobrexplotación coadyuvan a crear ese malestar contra la sociedad de consumo, identificada con la decadencia de la moral occidental y el capitalismo.
El Isis se apoya en tales condicionantes para sumar adeptos y mártires a sus filas. Una llamada para miles de jóvenes musulmanes que rechazan la dominación militar y deciden luchar contra el invasor. 
Lo desgarrador es la identificación del objetivo con la necesidad de causar el mayor dolor, desgarrando y poniendo en tela de juicio los propios valores de la vida. 
El enemigo no tiene sexo ni edad, y carece de humanidad. 
Barcelona debe hacernos reflexionar y evitar declaraciones pomposas y propagandísticas que hablan del triunfo de Occidente. La guerra no es religiosa, sino geopolítica, por el control de las materias primas y la dominación imperialista.

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